La noche en Bahía Sombra huele distinto cuando alguien muere en el puerto.
No es solo el salitre.
Es ese aroma viejo, metálico, como si la ciudad sangrara por dentro y fingiera que no pasa nada.
Los ricos miran desde sus torres, los pobres desde los callejones, y todos saben lo mismo:
Alguien va a pagar, pero nunca es el que debe.
En los muelles corre un rumor.
Un hombre importante apareció flotando junto a su yate.
Dicen que fue un robo.
Dicen muchas cosas.
Pero en Bahía Sombra, cuando las versiones son demasiado limpias, es porque alguien ya ensució la verdad antes.