En Dock Nine, el río nunca devuelve algo sin cobrar un precio.
Cuando la bajante deja al descubierto restos enterrados durante años -placas dentales, fragmentos de ropa, un anillo partido-, los viejos expedientes vuelven a respirar.
Lorna Vance ve patrones.
Voytek Kovic reconoce silencios que ya escuchó antes.
Cada objeto que emerge cuenta una parte de la historia...
y señala a alguien que juró que aquello había quedado bajo el agua para siempre.
Pero mientras la verdad asciende con la marea, alguien empieza a eliminar -uno por uno- los últimos rastros que aún pueden hablar.
Porque en Dock Nine, los muertos no son el problema.
Lo son los vivos que tienen miedo de ellos.