Hay noches que nacen para ser olvidadas.
Y otras que se incrustan en la piel, latiendo con cada respiración.
Una decisión impulsiva, una mirada equivocada, un roce inesperado... pueden reescribir el curso de toda una vida.
No siempre se elige a quién se ama.
A veces, es el amor quien elige.
Y desde ese instante, no hay marcha atrás:
no hay tiempo suficiente para olvidar,
no hay razón bastante para rendirse,
no hay fuerza capaz de apagar lo que nació al borde del abismo.