La integridad de Santos, acosada por una deuda que lo condena, lo empuja a huir por caminos que se vuelven pesadilla. En Ámsterdam, una estudiante pedalea hacia un destino que la desborda, como si la bicicleta conociera un secreto que ella ignora. La vida y la muerte, el viaje y la fuga: un autobús en Madrid, una excursión en Budapest, un avión que apunta a Buenos Aires. En cada itinerario, la promesa de salvación se mezcla con el eco del peligro. Los personajes de estos relatos avanzan sin romper el círculo que los retiene. Viajan, pero permanecen atados: cartas devueltas, rutas que se repiten, huidas que no terminan. Un mismo sino los persigue, silencioso y obstinado. Quizá ese sea el destino de ciertos viajeros: escapar -de otros, de sí mismos o de la rutina- mientras buscan un horizonte donde, por fin, respirar.