«
Me gustaría que este relato de los episodios que marcaron
mi vida carcelaria y la de mis compañeros
provoque, si no una sonrisa, al menos
un destello de esperanza. Desearía que el lector se diga a sí mismo que mi encarcelamiento no fue tan doloroso, tan terrible; que esa lucha, como
cualquier lucha por las libertades y la dignidad humana, valió la pena».
Desde una celda en la que el cielo solo se ve enmarcado por una ventana,
Mohamed Serifi-Villar nos invita a asomarnos a
un mundo donde incluso
la luz más tenue puede alimentar la esperanza. Su relato nos hace partícipes de su encierro, pero también de la libertad que encontró en sus recuerdos, en los sueños que nunca lo abandonaron y en las convicciones por las que arriesgó su vida.
Con un estilo lírico e incisivo,
la narración entrelaza el pasado reciente
de Marruecos
con el del autor,
recuperando
la historia de sus padres -un pescador tangerino y una viuda republicana española-
y la de un hogar
donde la solidaridad, la lealtad y la resistencia se mantuvieron
firmes frente a los «años de plomo» de Hassan II. Este relato, que transforma el sufrimiento en un testimonio universal de esperanza, permanecerá como una de las cicatrices de la historia.
«El estilo es fluido, reflexivo, sembrado de citas o referencias eruditas, a menudo atravesado por un soplo poético desprovisto de todo lirismo. Sin olvidar la irrupción aquí y allá de esas
pinceladas de ironía y autoironía
que alivian la violencia del texto,
evitando el patetismo en el que podría caer cualquier relato sobre una época tan dolorosa. El relato de la reclusión también está salpicado de algunas anécdotas contadas con ese "humor del ahorcado" que prefiere reír. La postura no es, por lo tanto, victimista, sino literaria en el sentido estético y
se asemeja al noble género de la
autobiografía donde el relato familiar es predominante y con razón».
Medias24