Allan R. Brewer-Carías es uno de los juristas más insignes de habla hispana
en el mundo: Profesor en distintas universidades de América y de Europa, tratadista en su especialidad, senador y ministro en su país, miembro de la Academia
de Ciencias Políticas y Sociales de Venezuela y de la Academia Colombiana de
Jurisprudencia, es también una especie de conciencia jurídica con autoridad hemisférica. A su prolífica obra, agrega ahora un nuevo libro titulado La Constitución
de la República de Colombia de 30 de agosto de 1821, en el cual analiza tanto
antecedentes como condicionantes de una Carta Política anclada en el proceso
de formación de nuestro constitucionalismo.
En América Hispana, las semillas de la libertad brotaron con los movimientos
comuneros. Fue en Paraguay donde se produjo la primera protesta del Común,
mientras corría el año 1721. Luego surgieron otras en distintos lugares, que se
extendieron por casi toda la América del sur. Sobre la mitad del siglo xviii se
levantaron los comuneros de Corrientes y un poco más tarde los de la sierra del
Cuzco. En 1777 aparecieron disturbios en Arequipa, tumultos en Cochabamba y
protestas en Quito. En 1780 llegaron esos vientos a la Nueva Granada para seguir
hasta Mérida y Maracaibo. Con esas movilizaciones se inicia la historia propia
de estos pueblos nuevos, pues la anterior queda subsumida en la historia del imperio español.
Aquella fue una especie de onda insurreccional, cuya raíz se hunde en la célebre historia de los comuneros castellanos, en 1521. Salvo Maquiavelo, no había
nacido ninguno de los pensadores modernos cuando los Comuneros de Castilla
se levantaron en Segovia, Toledo y Valladolid, para reclamar la soberanía del
Común, defender la idea autonómica y preservar los derechos forales que en la
península tenían vigencia centenaria. En la Edad Media ibérica el rey estaba sujeto
al derecho. Esa idea movilizó a los comuneros en América del sur, anticipándose
a las revoluciones norteamericana y francesa. El maestro Antonio García, en su
libro sobre Los Comuneros, afirma que con las proclamas del Común finaliza la
historia europea en el nuevo continente y comienza una historia original, entrañablemente americana.