En teoría, toda obra de arte es autónoma e independiente de toda circunstancia o
explicación externa. Pero en la vida real, esta teoría resulta demasiado absoluta: rara vez
podemos recibir la comunicación, incluso de un maestro artista, sin desear conocer su
materia prima, familiarizarnos con su método, encontrar algún motivo para simpatizar con
su esfuerzo artístico. Estos puntos de contacto con el mundo real son, en este caso, más
que habituales, de interés, y no me cabe duda de que será mejor abordarlos primero,
antes de invitar al lector a disfrutar del placer que esta narración puede brindar, ya sea
como historia, epopeya o drama trágico.
El autor, Thomas Mofolo, nacido alrededor de 1875, es un mosuto, originario de
Basutolandia, y escribe en sesuto, la lengua de su pueblo. Su manuscrito fue traducido
por el Sr. F. H. Dutton, Director de Educación, en colaboración con el Sr. W. R. Moule,
entonces Inspector de Escuelas, ambos en Maseru, Basutolandia. Junto con el manuscrito
se envió una biografía de Mofolo, escrita en inglés por otro Mosuto, llamado Z. D.
Mangoaela, quien estudió con Mofolo, trabajó con él posteriormente en Morija y, al igual
que él, es un autor Sesuto.
Gracias a Mangoaela sabemos que Mofolo era el segundo hijo de padres Basuto cristianos
y que creció en un hermoso entorno natural en Qomoqomong, en el distrito de Quthing, un
valle fértil en la zona montañosa de Basutolandia. Entre 1880 y 1890, cuando Mofolo era
joven, este valle ofrecía excelentes pastos y tierras de cultivo de cereales; las colinas y
barrancos montañosos aún estaban cubiertos de bosques naturales y bambúes, y los
arroyos descendían por las numerosas gargantas hasta el arroyo Qomoqomong, en cuyas
orillas se extendían ricos campos de trigo, maíz y sorgo.
En las colinas y mesetas abundaba la caza, aún se veían grupos de monos y había
leopardos que atacaban el ganado de la gente. El muchacho era tranquilo, tímido y
reservado, pero jugaba y pastoreaba ganado con otros niños y a...