«Si fuera un ave,
Luanda sería un
inmenso guacamayo,
borracho de abismo y de azul. Si fuera
una catástrofe, sería un terremoto: energía insumisa, estremeciendo al unísono los profundos
cimientos del mundo. Si fuera una mujer, sería una meretriz mulata, de muslos exuberantes, pecho generoso, ya un poco cansada, bailando desnuda en pleno Carnaval».
Después de descubrir que es hija de
Faustino Manso -un legendario músico angoleño que al morir dejó siete viudas, dieciocho hijos y una vida repartida entre demasiadas historias-,
Laurentina decide recorrer África siguiendo la huella de un hombre del que apenas ha oído hablar. Un viaje en el que
la ficción se confunde con la realidad. Porque hay quien es padre de muchos hijos sin haber tenido ninguno. Porque los sueños deben tomarse en serio. Porq ue nada es tan verdadero que no merezca ser inventado .
Las mujeres de mi padre , como su título indica, es plural. Agualusa construye, a través del
amor de distintas mujeres hacia un mismo hombre, un retrato de familia que es también el de un continente. Porque
en esta África, ni los hijos, ni las historias, ni el propio relato pertenecen a una sola voz.
«Qué es real y qué es ficción.
José Eduardo Agualusa se mueve como pez en el agua por un mar imprevisible, donde la memoria se transforma y la identidad muda de piel. El escritor angoleño en lengua portuguesa,
uno de los máximos exponentes de ese realismo africano tan cercano al realismo mágico».
La Vanguardia
«La gracia que el mundo tiene José Eduardo Agualusa es un "angoleño en viaje, casi sin raza".
Si la raza viene del aire y de la tierra, él es de la raza de los pájaros y los
árboles».
Público