Estados del Norte, Nueva Inglaterra, 1870.
Juliet Fairchild ha crecido creyendo que su futuro está decidido.
Hija única de un hombre que la adora, ha sido educada para ocupar el lugar que le corresponde en la respetable sociedad de Bellweather. Tiene una familia que la protege, una posición que conservar y, sobre todo, a Dorian Mercer: su amor de infancia, el hombre con quien espera casarse y construir una vida que parece tan segura como inevitable.
Juliet no es infeliz. Ese es precisamente el problema.
Porque bajo la vida perfecta que otros han imaginado para ella comienza a despertar una pregunta que todavía no sabe formular: ¿quién sería si nadie hubiera decidido por ella?
Leander Whitmore aparece en su vida como una contradicción.
Sureño, veterano de la guerra, escritor y hombre de pasado incierto, Leander tampoco encaja en el mundo de Juliet. Ha perdido su lugar en los Estados del Sur, ha aprendido a desconfiar de las promesas y ha convertido la independencia en una forma de supervivencia. Cuando conoce a Juliet, reconoce inmediatamente algo que ella todavía no se atreve a reconocer en sí misma: detrás de la joven impecable existe una mujer inteligente, apasionada y mucho menos dócil de lo que aparenta.
La atracción entre ellos es inmediata, pero no sencilla.
Leander no quiere convertirse en otro hombre que decida por Juliet. Y Juliet descubre que desear a alguien no significa necesariamente saber qué hacer con ese deseo.
Leander tendrá que enfrentarse a algo todavía más difícil.
Durante años ha sobrevivido creyendo que un hombre debe dominar sus circunstancias, ocultar sus heridas y no necesitar a nadie. La guerra, la pérdida de su familia y el rechazo de su propia casa lo dejaron sin raíces. Incluso cuando encuentra una nueva vida en Nueva Inglaterra, intenta mantener una distancia que le permita marcharse en cualquier momento.
Hasta que Juliet consigue que quedarse deje de parecer una derrota.
Ella no cura sus heridas.
Pero consigue que Leander deje de avergonzarse de tenerlas.
Y él no rescata a Juliet de su antigua vida.
Es el primer hombre que la obliga, sin proponérselo, a preguntarse qué vida desea realmente.
Porque el verdadero conflicto está en qué significa ser visto, elegido y amado cuando uno ha aprendido a protegerse precisamente ocultándose.